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Encuentro con Dios y la juventud // @parateysigue

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Una de tantas bendición que a tan corta edad me ha tocado vivir es ser miembro de la pastoral juvenil del estado Anzoátegui. Cuando Emira Guayapero hace un contacto conmigo vía Facebook para reunirnos, sabía que el trabajo no iba ser corto.

Mi primer encargo fue en Puerto La Cruz con casi 100 jóvenes, quienes aprendimos un mensaje de esperanza. Es así como conozco jóvenes llenos de fe, serviciales y creyentes. Nuestra familia nos ha inculcado ir a la misa de los fines de semana. Ahora con esta bendición, la segunda charla me toca en Anaco. 

 Quizás para mí una tierra que vio crecer este mensaje, al decirle al Padre Gabriel quien solicitaba mi servicio, dos días antes decía: ¡NO PUEDO CREERLO! Vi ese anuncio y sabía Dios estaba con nosotros coordinamos pero debía alejarme unos días de mi familia. Llego Anaco con papá y resulta que un joven llamado Luis me recibe. Conversamos un rato, luego papá regresó a casa y me quedo solo con él. 

 

Ahí me di cuenta… ¡Leo aterriza, vamos a trabajar! Fue así como Luis me enseña un grupo de jóvenes muy especial, cada uno lo llevo en mi corazón. Aprender del padre Gabriel siempre es un regalo de Dios. Al llegar la noche voy a casa de una familia, me daba pena, confieso estar con ellos como no conocía a nadie pues expresaba: Padre con un colchón yo duermo en su oficina. Él, muy humildemente decía: llegarás a casa de una familia muy buena. Confié en él y así sucedió. 

 Conocía cada vez más a esta familia, era como sentirme en casa. Conversamos tanto, el señor Rigoberto como la señora Adriana me felicitaban por mis valores. Los días pasaron volando.

Ese viernes la mañana fue bien temprano, radio, colegios y practicar para el gran día. Los muchachos me ya conocían, la verdad confieso no quería regresarme. La noche anterior a mi presentación estuve casi una hora en el santísimo, conversaba diciéndole que sea él quien dirija a los jóvenes esa charla. Día siguiente sábado, llega mi familia. Conversamos un rato vimos la hora y fuimos a la iglesia al llegar. Todo estaba full, me atrevo a decir fueron como 400 jóvenes. 

La charla fue un éxito, salieron felices y me agradecieron mucho por tomar mi tiempo. Los que lean este artículo les digo: es una muestra de agradecimiento para Anaco, su cariño en mi corazón no cabe en el pecho. Gracias por vivir esta experiencia conmigo, sencillamente lo estamos logrando.