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para ver tu camino, primero dios y luego tú// leonardo garcía @parateysigue

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Para ver tu camino, primero Dios y luego tú.

Desde nuestra niñez vivimos situaciones difíciles que nos marcan y cuando crecemos vemos la realidad, nos pasa generalmente en la adolescencia para el ser humano cuesta creer el verdadero significado de aceptación hasta inclusive perdemos la fe en soñar o ver un camino mejor.Este testimonio muestra  que Dios siempre coloca personas para crecer  y sobre todas las cosas creer en ti mismo. Hoy, el es “Párate y Sigue”. Para conocer la luz, es preciso y necesario haber deambulado en las tinieblas. Una vez que conoces esa luz, difícilmente desees volver a la oscuridad. Así empiezo a narrar mi historia.

 

Mi nombre es Ángelo José Guaregua Travieso, nací en una de las ciudades más bellas y cálidas del oriente venezolano, Barcelona. Mis padres, a temprana edad, se aventuraron a traerme al mundo. Más allá de prejuicios u otro tipo de cuestionamientos, creo firmemente que toda vida, todo nacimiento, es decisión de ese grandioso, inigualable e indescriptible Dios.En el proceso de mi crianza aparecieron dos ángeles únicos y maravillosos, mis abuelas. Ya existían, está claro, pero no habían ejercido un papel tan protagónico en mi vida.

Todo lo que soy hoy es el fruto de ese amor sin fronteras que supieron brindarme cuando más lo necesité.Cuando iba creciendo noté que era un chico diferente a los demás. Mi forma de pensar, actuar y hablar era distinta.Fui víctima de acoso tanto de niños, como de adultos. Me sentía impotente, vacío e inseguro. En mi etapa de adolescencia el ataque se intensificó.Los rasgos de mi personalidad iban en contra de los patrones de la sociedad donde vivo.

Dios y yo

Inquieto, busqué consuelo en el único que me lo proporcionó y me lo continúa concediendo. Inicié mis servicios como monaguillo en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, donde fui animado por mi mentor, Monseñor Carlos Viña, a llevar las riendas de una escuela de servidores. Él fue el primer ser humano que hizo sentirme útil y maravillosamente hoy es una pieza fundamental en mi vida.Participé en innumerables encuentros y retiros religiosos.Me sumergí en la lectura de muchos libros que me hicieron descubrir un mundo diferente. Sin lugar a dudas serían de gran utilidad para el turbulento camino que se avecinaba.

La prueba más fuerte

El ataque del enemigo a mi vida se mostró de muchas maneras. Sentir que mi personalidad no era cónsona con lo que otros esperaban de mí, hizo que me uniera a amistades donde me sintiese completamente aceptado. Confieso que me alejé de Dios.Llevé una vida de confusión, y de ese mismo modo cerré mi ciclo de bachillerato, continué nadando en esas turbias aguas. Con ese torbellino de ideas necias me abrí a probar en dos carreras universitarias. Debatiéndome entre la Odontología y la Ingeniería de Sistemas, opté por la segunda.Empecé mis estudios superiores en el Politécnico Santiago Mariño y causas extrañas, que aún no logro descifrar, hicieron que me retirara para ingresar con esa misma carrera, en la Universidad Santa María.Una vez allí, decidí poner todo mi empeño para convertirme en ese profesional que soñaba ser. Pero faltaba algo. Algo no andaba bien, seguía alejado de mi Dios, seguía como un barco llevado por el viento, sin nadie en el timón. En esa búsqueda de respuestas, aparecieron otros ángeles en mi vida. Ellos son Nereida Brito, Victor Montaña y Ángel Morales, quienes me hicieron descubrir mi vida al mágico mundo de volar sin límites. Aprendí, gracias a ellos, que podía volar con mis propias alas y convertirme en el cambio que deseaba ver en el mundo.

Un nuevo camino

Me lancé en paracaídas a dar un vuelco a mi destino. Me cambié de carrera. Ya en el quinto semestre, opté por esa carrera que siempre me había apasionado aún sin conocerla, el periodismo.Inicié mis estudios de Comunicación Social en 2010. Aún faltaba algo, reconciliarme con mi gran amor. Ese que pensaba que me había dejado. Parafraseando la anécdota de “Huellas en la arena”,puedo decir que no me había dejado solo sino que me llevaba en sus brazos.

Colocó en mi camino a un ángel decisivo. Me reservo su nombre por ser un tesoro muy valioso para mí. Gracias a Él, pude reencontrarme con la vida que había dejado a un lado. Y regresé, cual “hijo pródigo”, a mi amada Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.te regreso era diferente, estaba en el 6to semestre de mi carrera. Volví para trabajar en el área de Prensa y Redes Sociales. Ese mismo año, me nombran Jefe de Prensa de la Diócesis de Barcelona y participé en un evento crucial en la iglesia local, el nacimiento de una parroquia.Verdaderamente siento que fue Él, mi Dios, quien me preparó para ese mágico momento que continúo disfrutando. Ser un periodista para Él. Para anunciar a la Eterna Buena Noticia al mundo, a Jesús. Lo más hermoso es que estoy junto a seres especiales viendo crecer una comunidad para Dios.

Leonardo García y yo

Hoy, estoy a solo 1 semestre de lograr ese primer sueño. Pues sé que vienen muchos más. En este camino de cierre de carrera, y durante esta constante experiencia de aprendizaje, conocí a Leonardo García.En una noche muy peculiar, trabajando en ¡Qué Nota! Revista, recibimos un correo donde se nos narraba su extraordinaria historia. No teníamos fotos, tan solo un texto y un video. Me atreví a pedir algunas fotografías. Para mi mayor sorpresa, su respuesta fue inmediata. No podría creer que el chico de la historia fuese el mismo que me respondiera ese mensaje.Publicamos su nota y nos sentimos complacidos con la recepción que tuvo. Siempre comentábamos sobre su historia en las reuniones de trabajo de ese medio digital.

Un día, asistí al evento “Un minuto para soñar”, organizado por la Fundación Ángeles del Camino.Allí, su ponente Nelson Bustamante, presentó la historia de Leonardo García y anunció que escribiría el prólogo de su libro “De las caídas, logras lo imposible”.Me agradó haber saludado a Leonardo y conocer a sus padres. Mucho más identificado me sentí al haber iniciado una hermosa amistad y contemplar que ambos hemos tenido momentos de arrebato y tristeza pero Dios se encarga de poner a sus hijos donde merecen estar. Estoy complacido de que, tanto él como sus padres, hayan colaborado con mi proyecto universitario llamado “Rostros”, donde Leonardo tuvo un lugar especial. 

Más aún me encantó que me hayan acompañado en la presentación.Le doy gracias a Dios por siempre poner piezas claves en mi vida. Por nunca olvidarme y por permitir que nos ocurran experiencias que nos enseñen y enseñen a otros. Al fin y al cabo, recibir regalos como la hermosa amistad que tengo con Leonardo García, son tesoros que valen mucho más que cualquier difícil experiencia, que cualquier caída. Pues hoy puedo reiterar, eso que dice Leonardo en su frase significativa y completamente acertada: ¡Párate y sigue!